LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

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Opinión

El verano que el mundo necesitaba

Mientras millones de personas vivían la experiencia del Mundial 2026, al mismo tiempo, los conflictos políticos y sociales seguían en distintas partes del planeta.

Aficionados mexicanos en la plancha del Zócalo capitalino para el tercer partido de la Selección Mexicana

A nivel nacional hubo un promedio de más de 8 sobre satisfacción con la vida actual - Foto: Cuartoscuro

Hay veranos que uno recuerda por unas vacaciones. Otros por una canción. Este probablemente será recordado por la sensación de que, durante unas semanas, el mundo decidió darse permiso de respirar.

Las ciudades se llenaron de visitantes. Las conversaciones cambiaron de tema. Por unos días hablamos menos de guerras, menos de política, menos de desaparecidos y más de celebrar, convivir y compartir una emoción colectiva.

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Quizá esa sea una de las funciones más antiguas del entretenimiento: recordarnos que todavía somos capaces de sentir ilusión.

Pero la ilusión nunca detuvo una guerra.

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Mientras millones de personas levantaban la vista hacia el verano, el resto del planeta siguió moviéndose con la misma velocidad de siempre.

Porque las bombas no entienden de vacaciones.

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Ni la corrupción.

Ni el crimen organizado.

Ni la desaparición de personas.

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Oriente Medio nunca dejó de arder

Nueve meses después del anuncio del alto al fuego, Gaza sigue muy lejos de la paz.

La llamada tregua terminó convirtiéndose en un espejismo. Israel ha mantenido operaciones militares sobre distintos puntos del territorio palestino y organizaciones humanitarias denuncian una crisis que parece no tener final. Tan solo durante este periodo de “alto al fuego”, más de 1,100 palestinos han muerto, mientras millones continúan viviendo entre desplazamientos, hospitales colapsados, escasez de agua potable y una emergencia alimentaria permanente.

Donald Trump y bombardeo en Irán

Foto: Capturas de pantalla

Al mismo tiempo, otro frente volvió a abrirse.

Después de una semana de enfrentamientos alrededor del estrecho de Ormuz, Estados Unidos e Irán entraron nuevamente en una fase de confrontación abierta. Ataques contra embarcaciones petroleras dejaron un marinero muerto y al menos ocho personas heridas. Donald Trump notificó al Congreso que continuará utilizando acciones militares para responder a amenazas iraníes y posteriormente amenazó con atacar infraestructura estratégica como puentes y centrales eléctricas.

No estamos hablando únicamente de un conflicto regional.

Por el estrecho de Ormuz circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el planeta. Cualquier escalada militar en esa zona puede traducirse en presiones económicas, inflación y volatilidad energética a miles de kilómetros del campo de batalla.

Mientras nosotros hacíamos una pausa emocional, la geopolítica seguía escribiendo otro capítulo.

México tampoco hizo una pausa

En México también vivimos un extraño contraste.

Por un lado, el gobierno federal presume resultados positivos en materia de seguridad.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que entre septiembre de 2024 y junio de 2026 el homicidio doloso disminuyó 48%, lo que representa 41 asesinatos menos cada día. Además, el primer semestre de 2026 registra el nivel más bajo de homicidios desde 2015. Para el Gobierno, estos resultados reflejan la coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales.

Claudia Shienbaum

Foto: Cuartoscuro

Son cifras relevantes y deben reconocerse.

Pero las estadísticas nacionales no borran otros focos de preocupación.

Sinaloa continúa convertido en uno de los principales símbolos de la crisis de seguridad. La violencia asociada a las disputas entre facciones del Cártel de Sinaloa sigue generando desplazamientos, asesinatos y desapariciones, mientras el gobernador Rubén Rocha Moya permanece bajo presión política por los cuestionamientos sobre el manejo institucional de la crisis.

Paralelamente, la Fiscalía General de la República reconoció finalmente que tuvo bajo su custodia a Mauro Alberto Núñez Ojeda, “El Jando”, identificado como piloto vinculado al Cártel de Sinaloa. El caso volvió a colocar sobre la mesa la participación de agencias estadounidenses en investigaciones realizadas dentro del territorio mexicano y las tensiones diplomáticas que todavía rodean el secuestro y traslado de Ismael “El Mayo” Zambada.

Detención del 'Mayo' Zambada

Foto: FBI

Es decir, mientras el discurso oficial habla de una reducción histórica de homicidios, persisten investigaciones que exhiben la enorme complejidad del crimen organizado y su dimensión internacional.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

La relación con Estados Unidos tampoco descansó

La agenda bilateral tampoco se tomó vacaciones.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó recientemente al Cártel de Juárez y a Los Viagras como Organizaciones Terroristas Extranjeras, incorporándolos al mismo régimen que ya alcanzaba al Cártel de Sinaloa, el CJNG, el Cártel del Golfo, La Nueva Familia Michoacana y otras organizaciones criminales.

La decisión implica el congelamiento de activos bajo jurisdicción estadounidense, restricciones financieras más severas y nuevas prohibiciones para cualquier persona o empresa con vínculos en Estados Unidos.

Claudia Sheinbaum y Donald Trump

Foto: Redes

Washington sostiene que estos grupos representan una amenaza directa para su seguridad nacional.

Mientras tanto, México abrió otro frente diplomático.

La Secretaría de Relaciones Exteriores anunció acciones legales después de la muerte de 17 mexicanos durante operativos o bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Entre las medidas destacan una denuncia penal ante el Departamento de Justicia estadounidense, procedimientos en fiscalías locales, notificaciones contra centros de detención y una denuncia ante Naciones Unidas por presuntas violaciones a tratados internacionales.

Lorenzo Salgado Araujo, Mexicano detenido bajo una redada de ICE

Foto: Redes Sociales

Es decir, mientras buena parte de la conversación pública hablaba de verano, la relación entre ambos países seguía marcada por seguridad, migración, crimen organizado y tensiones diplomáticas.

¿Por qué necesitamos creer que todo está bien?

Tal vez porque ningún ser humano puede vivir permanentemente instalado en la tragedia.

Necesitamos momentos de alegría.

Necesitamos celebrar.

Necesitamos sentir que todavía existe algo capaz de reunirnos.

El problema aparece cuando esa ilusión termina sustituyendo la realidad.

Cuando dejamos de exigir cuentas. Cuando normalizamos que las guerras sigan cobrando vidas. Cuando aceptamos que los desaparecidos continúen sin regresar. Cuando la corrupción deja de sorprendernos. La historia demuestra que las sociedades también necesitan descansar.

Pero descansar no significa olvidar.Quizá esa sea la gran paradoja de este verano. Durante algunas semanas sentimos que el mundo respiraba.

En realidad, quienes respirábamos éramos nosotros.

Porque mientras millones hacíamos una pausa emocional, las guerras siguieron avanzando, la violencia continuó cobrando víctimas y los problemas que definen nuestro tiempo nunca dejaron de ocurrir.

Ángel de la Independencia

Foto: Ángel de la Independencia

El verano terminará.

La ilusión también.

Y cuando vuelva la rutina, el verdadero reto será comprobar si seguimos siendo capaces de mirar de frente aquello que, por unas semanas, preferimos dejar fuera de cuadro o ¿Si somos capaces de celebrar sin dejar de mirar?

Porque una sociedad madura puede emocionarse con un gran evento colectivo pintando paseo de la reforma de verde y gritos como el “quiere volar” y, al mismo tiempo, exigir resultados a sus gobiernos.

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Puede disfrutar del verano sin olvidar a quienes siguen viviendo en medio de la guerra.

Puede celebrar sin perder la memoria.

Ese quizá sea el mayor desafío de estas semanas.

No dejar que la ilusión se convierta en olvido.

Porque el mundo nunca hizo una pausa. Los únicos que, por momentos, decidimos dejar de mirarlo fuimos nosotros.