
La detención del exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, marca un nuevo avance en las investigaciones por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa - Foto: Redes Sociales
Ángel Aguirre gobernaba en Guerrero durante la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Hoy, la FGR lo señala por presuntamente encubrir las investigaciones como mandatario estatal

A casi doce años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, la investigación dio un nuevo giro con la detención del exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero.
La Fiscalía General de la República (FGR) reveló que existen nuevos elementos que apuntan a su presunta participación en el ocultamiento de evidencias relacionadas con el caso.
La detención representa un nuevo giro en una investigación que ha transitado por distintas líneas, la caída de la “verdad histórica” y la apertura de procesos contra exfuncionarios y militares.
De acuerdo con la institución, las nuevas diligencias apuntan a una posible participación de Aguirre Rivero en el presunto ocultamiento de información relacionada con el paradero de los estudiantes normalistas.
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Ernestina Godoy, fiscal General de la República, dio a conocer que como resultado de nuevas investigaciones, se concluyó que el exgobernador de Guerrero contribuyó en la destrucción de evidencias para conocer el paradero de los estudiantes.
La titular de la FGR reveló cómo se llegó a las conclusiones tras las diligencias:
Por lo anterior, el agente del Ministerio Público responsable de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el caso Ayotzinapa solicitó y obtuvo de un juez una orden de aprehensión en contra de Ángel “N” por los delitos contra la administración de justicia y desaparición forzada de personas.
Ángel Aguirre era gobernador de Guerrero durante la madrugada del 27 de septiembre de 2014, cuando policías municipales, presuntamente en coordinación con integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos, participaron en los ataques contra estudiantes normalistas en Iguala.
Sin embargo, solicitó de licencia para dejar la gubernatura el 23 de octubre de 2014, misma que fue aprobada por el Congreso del estado. Mientras que en Iguala, el alcalde era José Luis Abarca.
Durante ese periodo, la investigación quedó bajo la conducción del gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto y de la extinta Procuraduría General de la República (PGR), encabezada por Jesús Murillo Karam.

La versión oficial presentada meses después fue conocida como la “verdad histórica”, una narrativa que concluyó que los estudiantes habían sido asesinados e incinerados en un basurero de Cocula.
Con el paso de los años, esa hipótesis fue desacreditada por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), al detectarse manipulación de pruebas, tortura a detenidos y diversas irregularidades en la integración del expediente.
Durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa (CoVAJ), encabezada por Alejandro Encinas, concluyó que la desaparición de los estudiantes constituyó un crimen de Estado.
El informe estableció que hubo participación y omisiones de autoridades de distintos niveles de gobierno, además de señalar que integrantes del Ejército tuvieron conocimiento de los hechos y no actuaron para impedirlos.

Entre sus principales conclusiones destacan:
Estas conclusiones modificaron por completo la ruta de la investigación y abrieron nuevos procesos penales contra exfuncionarios y militares.
La captura del exgobernador representa uno de los movimientos judiciales más relevantes desde que comenzaron las investigaciones para desmontar la versión oficial construida durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.
Con este nuevo proceso, la FGR busca establecer si funcionarios del gobierno estatal participaron no solo durante los hechos ocurridos en Iguala, sino también en las acciones posteriores encaminadas a impedir el esclarecimiento del caso.
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A casi doce años de la desaparición de los 43 normalistas, las autoridades mantienen abiertas diversas líneas de investigación para identificar a todos los responsables materiales e intelectuales, así como a quienes presuntamente participaron en el encubrimiento de uno de los casos más emblemáticos de violaciones graves a los derechos humanos en México.