
Foto: Cuartoscuro
Para el periodista Luis Chaparro, la “narcopolítica” en México dejó de ser una relación de protección o complicidad para convertirse en una disputa abierta por el poder

Luis Chaparro, periodista especializado en crimen organizado y director de Pie de Nota, sostuvo que la “narcopolítica” en México dejó de ser una relación de protección o complicidad para convertirse en una disputa abierta por el poder, donde las organizaciones ya no sólo buscan rutas, dinero o protección, sino decidir candidatos, controlar regiones, imponer autoridades y operar negocios legales e ilegales.
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En “La Entrevista” de Político MX, el periodista señaló a Adán Augusto López, Rubén Rocha Moya, Alfonso Durazo, Américo Villarreal, Enrique Inzunza y Julieta Ramírez como parte de un mapa político bajo investigación, presión o sospecha, al tiempo que advirtió una reconfiguración criminal marcada por Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, empresarios, legisladores y gobiernos estatales.
“Yo no creo ahorita, y te lo digo con la responsabilidad que se requiere, no creo que ahorita esté verdaderamente gobernando el Estado, y siento que en muchos estados, en mucha parte, en muchas regiones de la república, es justo lo contrario, es el narco quien está decidiendo”, afirmó Chaparro al explicar que los grupos imponen condiciones desde abajo, bloquean ciudades, frenan actividades económicas, retiran candidatos de la boleta “a base de bala” y condicionan la vida política local.
El periodista explicó que el viejo modelo del Cártel de Guadalajara, basado en pagar protección a policías, comandantes y funcionarios, quedó rebasado por organizaciones transnacionales que ahora compiten por contratos públicos, construcción, abasto, tráfico de personas, control territorial y decisiones electorales.
“Ya ahorita el tema ya ni siquiera es la lana, a ver, la lana que generan de la droga la generan de los contratos que les da el propio gobierno”, dijo, al señalar que el nuevo incentivo es el poder y no sólo el dinero.
Sobre Adán Augusto López, Chaparro fue directo al ubicarlo como uno de los casos más delicados por su nivel político y por el papel de su exsecretario de seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez, señalado como líder de “La Barredora”.
Dijo que el caso no puede reducirse a una fotografía o a una relación indirecta, porque de acuerdo a su análisis existían antecedentes de negocios y relaciones previas.
“El tema de Adán Augusto es uno de los más claros, de los más preocupantes, yo diría, para México, sobre todo por el perfil de Adán Augusto, que es un perfil que está a mero arriba”, sostuvo.

En el caso de Rubén Rocha Moya, Chaparro afirmó que su llegada al gobierno de Sinaloa estuvo vinculada con operadores de Los Chapitos y Los Mayos, con compra de votos, movilización territorial y apoyo de estructuras criminales.
Señaló al “Nini” como testigo clave, recordó el uso de vehículos de lujo con propaganda de Morena y Rocha, y citó una entrevista con Dámaso López Serrano, el “Mini Lic”, sobre el flujo de dinero para operar la elección.
También apuntó que el caso puede crecer hacia empresarios, concesionarios de autos de lujo, funcionarios, alcaldes, militares y operadores políticos.

Alfonso Durazo fue colocado por Chaparro como otro personaje central en la red de poder político-criminal, especialmente por sus vínculos históricos en Sonora y por el interés que tendrían agencias de Estados Unidos en su red política.
El periodista mencionó a Los Salazar, la etapa de Durazo cerca de Luis Donaldo Colosio y a Paloma Terán, funcionaria del gobierno sonorense, como parte del entramado que, a su juicio, muestra que esas relaciones no son recientes.
“Lo que les interesa a ellos es justamente la red política, la red política criminal, la red política corrupta”, dijo sobre el supuesto interés estadounidense.

Chaparro también habló de Américo Villarreal, a quien ubicó como uno de los focos más importantes para Estados Unidos, y de Enrique Inzunza, a quien llamó “el artífice de la narcopolítica en Sinaloa” por su presunta capacidad de sentar a políticos con jefes del Cártel de Sinaloa.
Sobre Julieta Ramírez, senadora de Morena, dijo que su papel no sería necesariamente sentarse con grupos armados, sino operar políticamente y mover recursos en defensa de Rocha Moya y de la estructura sinaloense. “El billete que va de una mano a otra, es Julieta Ramírez”, aseguró.

Durante “La Entrevista” hizo el diagnóstico de una recomposición profunda, pues anticipó una atomización de las estructuras criminales y políticas, con nuevos grupos, nuevos candidatos, nuevos partidos, redes más sofisticadas y organizaciones sin rostro visible.
Dijo que el Cártel Jalisco Nueva Generación opera con lógica de franquicia, a través de dinero o violencia, con redes en Asia, África, Europa y América Latina, y advirtió que el fenómeno dejará de parecerse al modelo clásico de cárteles para convertirse en redes, nodos, empresarios, políticos y operadores cada vez más difíciles de detectar.